Mostrando entradas con la etiqueta Divagaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Divagaciones. Mostrar todas las entradas

De la putada de los regalos

Hoy tenemos que ir a un cumpleaños doble. Como la cosa está muy "achuchá" la gente aprovecha y celebra sus cumpleaños de dos en dos, aunque sea necesario esperar meses entre ellos. Ahorrar es importante. Pero a lo que voy... ¿No os parecen una putada este tipo de celebraciones? A mí personalmente sí. 

Lo son (putadas) por dos razones: 

La primera obviamente es el gasto. No es lo mismo tener un detalle con un conocido, que tener que regalar cosas a dos personas y ya no hablemos si hubo buenos regalos hacia tí en el pasado, en este caso el regalar algo genial se convierte en una obligación, presente en las reglas no escritas de las normas sociales. Si violas esta norma se advierte de peligro de exclusión social y abucheos generalizados. Un papelón, vaya.

Y la segunda, que las comparaciones son odiosas, así que tienes que vigilar muy de cerca que ambos regalos tengan la misma dosis de amor y el mismo valor. No es lo mismo que te regalen un pañuelo del Zara a tí, lo cual es un detalle muy adecuado, que que a ti te den el mencionado pañuelo y al de al lado un iPad de 64GB con wifi + 3G. No es igual. Nunca lo será. Y tú serás un Loser

Así que espero que les gusten mis compras, las cuales se han hecho con todo el amor y con un mínimo de presupuesto, así no hay disgustos.


La clase media que nos parió

Cuando era pequeño creía que de mayor iba a ser rico. En aquellos tiempos mi familia vívía un momento de bonanza económica que en mi mente era difícilmente superable, equiparando mi situación con la de los Preysler, obviamente poco a poco me di cuenta de que ellos eran más ricos pero que nosotros no dejábamos de ser una familia de alta alcurnia.

Pasaron los años y me dí cuenta de que aquello no era tan maravilloso. Además de pertenecer a la clase media la liquidez del apellido iba disminuyendo cada vez más. Deudas, facturas y un sólo sueldo no daban para tanto, más teniendo en cuenta a una hijo como yo que vivía totalmente ajeno al concepto precio. Y de repente lo supe ¿Mamá acaso no somos ricos? No hijo, no. Ante aquellas declaraciones tan brutalmente expresadas por mi progenitora sin ninguna clase de pudor o consideración me dí de bruces con la realidad. No era rico. Nunca estudiaría en una universidad de Inglaterra y nunca iría a veranear al Navigator of the Seas.


Cuando eres pequeño crees que eres el niño más afortunado del mundo, yo lo fui porque mi madre me lo dió todo y más pero es importante recalcar ese punto en la vida de toda persona en que te das cuenta de que no eres rico. No vas a Formigal, tu madre no está enganchada a las máquinas del casino de Torrelodones y no compráis en la Milla de Oro. Pero todo empeora años después. Años después con tu recién estrenada diplomatura sales al mundo con tu primer empleo y ya no eres rico, no perteneces ni tan siquiera a la clase media ahora vives según los expertos bajo el umbral de la pobreza. Pero todo esto lo asumes en espera de que algún día seas tu también de clase media, y la historia se repetirá. Tus hijos creerán que viven en la jetset para luego desengañarse y decirles la terrible realidad o peor aún descubrirla por ellos mismos.

¿Como es posibe que en diez años haya pasado de ser rico a vivir bajo el umbral de la pobreza? ¿Cuánto ocurrió esto? y sobre todo ¿Qué coño estaba haciendo yo mientras todo esto ocurría?

Amigas adictas al drama

Parece que hubiera gente que necesitara un chute de dramatismo, lágrimas y Shakespeare de vez en cuando para sentirse realizado. Lo veo a mí alrededor, es como una necesidad suicida de vivir emociones autodestructivas al precio que sea ¿Por qué hay gente así, que se empeña en inventarse excusas para no ser feliz?

Si te paras a pensar todos tenemos algún motivo para ser felices y estar bien aunque para ello obviamente es necesaria una pequeña terapia para aprender a pensar en positivo. Una gran máxima es aquello de “siempre habrá alguien peor que yo” Pero también tenemos el “mal de muchos consuelo de tontos”. El refranero, desde luego, siempre tiene algo que decir.

En fin, yo sin dramas, sin lágrimas y sin montarla cada dos por tres soy muy feliz y me va muy bien. A quien le parezca aburrido que no mire, pero opino que una vida sosegada es mucho más gratificante. Tu sistema nervioso te lo agradecerá.

Invierno

El invierno es una estación compleja. Uno nunca sabe qué esperar del invierno. Normalmente, en un clima tan radical como el nuestro, el invierno llega de un día para otro, sin avisar, como una visita inesperada e inoportuna. De repente hace frío, todo el mundo lleva botas y hay que usar guantes, siendo, esto último algo fatal para la tecnología multi-touch de tu smartphone.

Todo se vuelve azul. Las calles tienen esa luz tan especial de un sol que irradia sesgado. Me parece que es una estación que va muy bien con la ciudad. Esa luz mortecina potencia el dramatismo del cemento, del hormigón y le otorga más brutalidad y expresividad. Las estaciones más favorables son más amigas del aire libre y el campo, todo es una cuestión, al fin y al cabo de luz y color.

En invierno todo parece ir más despacio, más lento. El silencio se hace más intenso y cualquier cambio parece fuera de lugar, aunque los cambios ocurran en cualquier ocasión, sean o no bien recibidos.

Politoxicómanos

Según la RAE adicción es el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos. Me gusta mucho el matiz que dan para los politoxicómanos en el uso de "alguna o algunas drogas" pero fuera de lo que comúnmente se entiende como droga ¿Qué puede causar adicción? ¿Qué cosas pueden hacerte ser un enfermo total y un enganchado, o como también vulgarmente se conoce, un yonqui?

Todos sabemos de casos. Testimonios al respecto hay miles. Meritxell se enganchó a los hombres, Montse se dio a la bebida o Mamen, la del primero, se arruinó comprando cientos de Dior en el eBay. Por tanto no es tanto el objeto lo que crea la adicción sino la actitud desmedida hacia algo, el no poder parar, no saber dónde están los límites. Pensar que qué importa el mañana si hoy lo tengo. Si hoy me quedo inconsciente en un portal después de haber bebido diez copas de bourbon no importa porque eso que me llevo y que me quiten lo bailao. Si no tengo ni para comprar un metro bus porque me lo he gastado todo el día uno en un monedero de Loewe que tendré que pagar con tres nóminas íntegras, aunque no la luzca porque no la sacaré del bolso al no tener un euro, pero bueno soy feliz porque tengo una cartera de Loewe. Al siguiente mes compraré el bolso a juego. Y al siguiente un par de zapatos y en junio como ya llega el buen tiempo no importará ser una Homeless porque tendré un conjunto fabuloso y eso en casa no se luce.

No puedo dejar de mencionar una horrible adicción, la adicción al trabajo. Personas tan centradas en sus carreras que se olvidan de que existen los grifos de cerveza, los cines y, por qué no, el eBay. Cuando trabajas duro es relativamente fácil que todas tus energías las vuelques en el trabajo y no te queden ánimos para nada más pero hay que pararse a pensar si realmente merece la pena.

¿Cómo saber dónde está el límite entre lo normal y lo obsesivo? El problema es que uno mismo nunca sabe dónde está ese límite, simplemente uno se guía por lo conveniente en el momento. Hay personalidades más dadas al placer de cualquier tipo y otras personas más comedidas. Eso podría marcar la diferencia. Pero hasta el más recatado puede caer en unas terapéuticas compras innecesarias que se convierten en patrón hasta llegar al punto de no poder controlarlas ¿Qué hace que una persona normal, como tú o como yo, no pueda parar? ¿Qué hace que una persona salga fin de semana tras fin de semana a ponerse hasta arriba de cocaína, alcohol o, disculpen la vulgaridad, semen? No lo sé. Francamente no lo sé.

Ausencia de pilares emocionales, inestabilidad, falta de autoestima o yo que sé pero hay algo en la mente de una persona que a veces falla. Cuando alguien deja de vivir y de crecer en todas las facetas de su vida para dedicarse en cuerpo y alma a comprar, salir, trabajar, comer, beber o follar ¿Qué es lo que ha pasado? Y lo que es más sorprendente ¿Por qué le puede ocurrir a cualquiera?

Los tóxicos están ahí fuera. 

Halloween y el fin del verano

Halloween ya pasó. Y se lleva millones de neuronas aniquiladas sin compasión por cantidades indecentes de alcohol. Sin duda esta es una de esas fiestas que la OMS debería suprimir de los calendarios internacionales, seguro que haciéndolo la sanidad mundial se ahorraría millones de euros en el tratamiento de futuras dolencias.

Informándome, he podido aprender que Halloween no es una festividad típicamente estadounidense, como la mayoría de la gente cree, sino que tiene su origen en la cultura celta, concretamente en la festividad celta de Samhain, que no es otra cosa que la celebración del año nuevo celta, aprovechando el fin de las cosechas y el inicio de la estación oscura, de ahí la temática.

Sabiendo estas interesantísimas informaciones, es casi un must la celebración de tan pagana festividad, dando gracias a las deidades porque por fin se haya acabado el verano dando paso a la temporada amiga del punto y el cashmere.

Y es que el verano es una estación criminal. El verano huele mal. El verano viste mal. El verano empieza con disgustos, siempre. Con discusiones. Porque no hay verano sin “veraneo” y cuando hablamos de veraneo es inevitable hablar de familia política. Apartamentos en el levante compartidos con cuñadas, nueras y otros que hacen que los tan merecidos quince días de descanso se conviertan en un auténtico infierno.

Pero para quien no tenga familia política, le quedan las semanas de convivencia intensa con la pareja. Durante 24 horas, sin parar. Las vacaciones son como un reality en el que “todas las emociones se intensifican” y hasta el solo hecho de que la otra persona haga ruido al pasar las hojas de su revista nos crispa tremendamente. Toma noticia:
“Las rupturas sentimentales se disparan tras el verano. Así lo constatan diversos estudios y estadísticas que desvelan que anualmente en España 200.000 parejas contraen matrimonio y que 50.000 se separa. Convivir más tiempo del habitual saca a la luz diferencias que durante el resto del año apenas se perciben debido a que la convivencia diaria de la pareja es mínima.”
Datos aterradores, sin duda. Ahora estoy más convencido que nunca de que efectivamente hay algo que celebrar… llámalo Halloween, Samhain, Botellón porque sí, o como quieras. Pero el verano terminó, y con él todo lo que conlleva. Además hay muy pocas ocasiones en las que las reivindicaciones sociales sean tan llamativas y creativas y si no que se lo digan a los Indignados de NY, para los que cualquier ocasión es buena.

Así que… ¡A celebrar se ha dicho!